Una de las preguntas más frecuentes de los padres es cuál es la edad más indicada para empezar las clases de instrumento. Es importante aclarar que no existe una respuesta única y que habría que analizar cada caso para poder evaluar los beneficios que proporcionaría al niño la enseñanza formal de la música. Pese a que hoy en día proliferen materiales didácticos para todas las edades y gustos, hay que reconocer que empezar las clases de instrumento «lo antes posible» no significa aumentar las posibilidades de que el niño se convierta en un «pequeño Mozart». Contrariamente a lo que muchos padres se esperan, una «alfabetización musical» precoz y mecánica, en la mayoría de los casos puede incluso cohibir la disposición natural del niño, impidiéndole de expresarse musicalmente. Por tanto, ¿qué necesidad hay de acelerar este proceso?
Al igual que en edad prescolar el niño adquiere el lenguaje de manera del todo espontánea, sin tener que aprender primero su gramática (al que no estaría cognitivamente preparado), el aprendizaje musical se fomenta a través de actividades lúdicas de acuerdo al momento evolutivo del niño.
La clase de Música y Movimiento se considera la etapa previa a la iniciación instrumental y tiene como objetivo desarrollar el potencial musical del niño en todas sus facetas y prepararlo al progresivo dominio de la «gramática musical». A través de la asociación de la música con el gesto corporal se favorece la comprensión y la expresión musical desde el movimiento, que es propio de los niños. En ningún momento se fuerza al niño a realizar «correctamente» una actividad.
Personalmente, prefiero hablar de «Música, Silencio y Movimiento» porque me gusta trasmitir a los niños la importancia del silencio y su fuerza enriquecedora que tiene en la música. Ellos también lo valoran y lo reclaman tras pasar un buen rato «trabajando» con los sonidos.
¿Qué hacemos en una clase de Música y Movimiento?
- Cantamos
- Aprendemos a escuchar
- Aprendemos a utilizar instrumentos de pequeña percusión
- Realizamos gestos corporales y pequeñas coreografías guiados por la música
- Aprendemos a hacer ritmos con la percusión corporal y con instrumentos musicales
- Usamos partituras no convencionales
- Aprendemos a «sentir» el pulso musical
- Descubrimos la belleza del sonido de las palabras y usamos palabras inventadas
- Leemos cuentos musicales
- Nos relajamos con la música
- Aprendemos a «vivir» el silencio

Las actividades tienen una duración breve para mantener viva la atención del niño y no saturar su motivación (es mejor que se quede con ganas a que se aburra). En las actividades utilizamos instrumentos de pequeña percusión (maracas, triángulos, cajas chinas, panderetas, etc.), pelotas de goma, globos, pompas, conchas, telas de colores, cuentos musicales, etc.
Todas las actividades tienen como objetivo común despertar y desarrollar la musicalidad del niño. Sin embargo, la clase de Música y Movimiento no deja de ser la ocasión propicia para fomentar no sólo las habilidades musicales, sino también las habilidades sociales. La clase de Música y Movimiento es un buen momento para:
- Favorecer la autoestima
- Reforzar la interacción interpersonal
- Promover el respeto las normas (cuidado de los instrumentos, turnos, etc.)
- Fomentar la comunicación
- Alentar la creatividad
Qué repertorio se utiliza
Nuestro deber es ofrecer en la Educación Musical la mayor variedad de escucha, desde la música clásica hasta la moderna. Sin embargo, hay un motivo que nos impulsa a utilizar la música clásica. Primero, porque es parte de nuestro patrimonio cultural que lamentablemente no siempre se promueve en ámbito escolar o familiar. Segundo, porque tiene una estructura más compleja y a la vez ordenada que permite guiar la acción. En todo caso, la mejor música es la que despierta interés en el niño, la que le motiva y le hace disfrutar. Todo es saber arriesgar y no ponerse límites: los niños no tienen prejuicios.