Proteger la salud mental también es parte del plan
Hoy se cumple mi primera semana de vuelta a la nueva normalidad. El clima de incertidumbre que aún se respira en el aire, nos mantiene cautos y atentos en la relación con nuestros alumnos. La práctica de higiene antes y después de cada clase nos obliga a llevar el reloj en la mano para hacer que las entradas y salidas de los alumnos sean espaciadas y seguras. Las despedidas han de ser rápidas y formales y la sonrisa, que antes nos unía los unos con los otros sin necesidad de añadir más palabras, ahora se ha reemplazado por un guiño o por un codazo.
Cierto es que, pese al sabor agridulce de este nuevo comienzo de curso, necesitábamos volver a clase, volver a «sonar» juntos. Porque «sonar es sanar».
La salud, por la que todo el mundo está actualmente preocupado, no se define sólo como ausencia de enfermedades, sino es la condición de todo ser vivo que goza de un absoluto bienestar tanto a nivel físico como a nivel mental y social (OMS, 1948).
¿Qué es entonces lo que necesita el ser humano para alcanzar este equilibrio?
Para funcionar cognitiva y emocionalmente, el ser humano busca satisfacer tres necesidades básicas: poder, logro y afiliación. La primera está relacionada con la posibilidad de iniciar una acción y de controlar sus consecuencias (por ejemplo, decidir aprender a tocar el piano e iniciar y controlar toda la serie de comportamientos que hay que llevar a cabo para realizar la tarea). La necesidad de logro está vinculada con la capacidad de conseguir metas y sentirnos reconocidos por ello (por ejemplo, querer aprender a tocar una Suite de Bach y esforzarnos para conseguirlo). Finalmente, la necedidad de afiliación es la tendencia a establecer relaciones cálidas con un grupo de personas, donde poder sentirnos aceptados y valorados (por ejemplo, cantar en un coro).
¿Qué ha hecho la pandemia con estas necesidades? Las ha reprimido, procrastinando su satisfacción. Hemos perdido el control sobre nuestras acciones, parte de nuestras metas se han visto sacrificadas (se han anulado conciertos, audiciones, exámenes) y nos hemos quedado en casa, lejos de nuestro grupo de pertenencia.
Lejos de alimentar polémicas inútiles, el propósito de estas líneas es ofrecer una reflexión sobre la importancia de cuidar los aspectos menos «orgánicos» del ser humano, al igual que cuidamos nuestra garganta y nuestros pulmones.
Volver a clase de música representa una forma de cuidar el alma y de acoger esas necesidades primordiales que yacen en nuestro más profundo ser.
Con las debidas precauciones, mantengamos nuestra ilusión por la música, dejemos el miedo fuera, acudamos a la clase con la cabeza alta, los oídos bien abiertos…y por supuesto, una mascarilla de notas musicales.
¡FELIZ CURSO 2020-2021!